Iver Hernández como buen andino es una persona amable, sencilla, introvertida y muy observadora, acostumbrado a las calles empinadas, él orgullosamente vio transcurrir los primeros años de su infancia en el poblado de La Fundación –o en el campo como el mismo afirma- un lejano pueblito tachirense de apenas 5 calles y a casi mil metros sobre el nivel del mar, con una población para la época de unos 800 habitantes.
Pero los deseos de crecimiento y progreso de la familia Hernández motivaron al viejo Daniel Hernández a migrar con toda la familia hasta la capital del estado, “yo tenia diez 10 años cuando eso, soy el menor entre 8 hermanos, 5 hembras y 3 varones, una vez instalados en San Cristóbal, cursé desde quinto grado y luego toda la secundaria para graduarme de bachiller en ciencias en el Liceo Pedro María Morantes”.
En 1979, luego de una breve pasantía por la UNET, tomó una de sus primeras grandes decisiones, trasladarse hasta el Estado Aragua, donde iniciaría sus estudios en el IUT de La Victoria para optar al título de TSU en Mecánica, mención máquinas herramientas, meta alcanzada hacia mediados del 82. “Gracias a Dios, para mi fue un transitar muy exitoso” comenta con orgullo, pues finalizando su trance como estudiante ya tenía empleo en Corlaca del grupo Maploca en Las Tejerías, allí permaneció dos años y adquirió su primer “catanare”, un Zephyr del 81. Posteriormente en Agosto del 85 se dio un paseo por Guayana y no tardó mucho en cautivarse con la prosperidad que ofrecía la zona y es así como en Agosto de ese año, se incorpora a SIDOR como maestro mecánico en Planos, el cambio fue impactante refiere Iver, “trabajar en una empresa que era más grande que toda la ciudad de La Victoria, en donde en cada cambio de turno veías más de 100 autobuses circulando para trasladar al personal fué para mi todo un espectáculo”.
Aquí en Ciudad Guayana conoció además en 1986 a su fiel compañera de siempre, Carmen Omelia Rodríguez con quien trajo al mundo a sus otros tesoros Iviana y a Vanessa.
Su exitosa actividad como técnico en Sidor se extendió hasta 1991, en ese año decide retirarse, siempre en búsqueda de mejores perspectivas.
Luego vendrían otras experiencias como Jefe de Mantenimiento en el Muelle de Sidor con Tecnoaduana y más tarde, una vuelta de un par de años por la zona de los Pijigüaos. En 1996 decide regresar a Ciudad Guayana “…a la civilización, pues era época de muchos pañales con la esperada llegada de Iviana, afortunadamente para ese entonces ya tenía mi apartamento en Ventuari y tuve la oportunidad de adquirir además una camioneta tipo van, con la cual estuve trabajando por cuenta propia en el servicio de traslado a ejecutivos de CAVSA“.
“Por esos días apareció en la prensa la solicitud de personal para una empresa en proceso de construcción –era COMSIGUA-, me animé a entregar el currículo y al poco tiempo fui citado a una entrevista en el Edificio Monterrey de Altavista, yo andaba muy preocupado, porque veía a mucho encorbatado y yo andaba de franelilla. Recuerdo que El Sr. Chun Taite fue mi entrevistador, a quien le agradezco siempre su trato y receptividad, parece que eso hubiera sido ayer…”.
La nueva Experiencia con las Máquinas briqueteadoras
Lo que no imaginaba Iver es que con el transcurrir del tiempo su destino lo convertiría en un especialista en máquinas briqueteadoras.
“Luego de mi ingreso, fui asignado a un breve periodo de entrenamiento en la planta de OPCO, el propósito era irme compenetrando con la operación y los aspectos mecánicos de las máquinas briqueteadoras y aunque siempre tuve una especie de atracción hacia las máquinas herramientas como el torno y la fresadora, con el transcurrir del tiempo me fui familiarizando cada vez más con la operación y mantenimiento de los nuevos equipos”.
Basado en su experiencia previa, aparte de profundizar en el conocimiento y operación general de la planta, Iver ha concentrado buena parte de su empeño en las tareas de inspección y planificación, poniendo énfasis en el orden y limpieza de las áreas de trabajo, “creo que por muy irrelevante que parezca, es un aspecto clave para el buen funcionamiento de cualquier instalación”.
Transfiriendo tecnología y conociendo el mundo
“En el año 2005 como parte de una actividad desarrollada en las briqueteadoras durante la gestión del Sr. Hanao y en la búsqueda de incrementar los niveles de producción a 200 TM/hr, desarrollamos una prueba de Alta Descarga, en ese mismo año el seminario anual de Midrex tendría lugar en Colonia, Alemania y la empresa decidió enviarnos al Sr. Marchant y a mi para la presentación del proyecto”.
Luego de algunos contratiempos, ya en Alemania impresionado y estresado por el viaje, finalmente arribo a Colonia para encontrarse con John Marchant quien le esperaba para avisarle que su presentación sería la primera del seminario al día siguiente.
Afortunadamente, la misma fue todo un éxito pues siempre contó con el respaldo del mismo Marchant y del Sr. Tony Elliot (Midrex) quien también lo apoyo durante la presentación. Con ello quedo zanjada la presión que había tenido hasta ese momento.
En este viaje a Alemania además fue aprovechado para conocer importantes empresas relacionadas con Comsigua como Koeppern en Hattingen y también la planta de reducción directa Mittal-Steel en Hamburgo.
Posteriormente con ocasión del arranque de la planta de briquetas de Qasco en Doha, Qatar, viajo allí en compañía de Pablo Druetta y Renzo Celis. Lamentablemente en la primera oportunidad un gigantesco cluster en el reactor arruinó el principal propósito del viaje. Luego en su segunda visita en compañía de Renzo, nuevamente un atascamiento en el reactor fue nuevamente protagonista durante esta segunda expedición al país asiático.
“Cada viaje es nuevo aprendizaje, en lo técnico, en lo profesional y obviamente en lo personal, porque conoces como trabaja la gente en otras latitudes, particularmente en el caso de Qatar donde las temperaturas son tan elevadas, la gente esta obligada -por naturaleza- a trabajar con más calma. A las ocho de la mañana, por ejemplo el calor casi te derrite, es interesante también conocer sus costumbres, como por ejemplo la hora del té, que es casi un ritual obligatorio a las nueve en punto de la mañana y a las tres de la tarde cada día, igualmente el respeto por los extranjeros y sus costumbres, entre otras cosas que recuerdo.”
Expectativas de cara al futuro
Iver siendo un especialista en máquinas briqueteadoras aspira firmemente a perfeccionarse aun más, para ello profundiza en el conocimiento de la tecnología, pero además de esto aspira en corto tiempo a pulir su inglés y en ello trabaja incansablemente.
Con su humildad característica manifiesta: “Estoy muy agradecido de COMSIGUA, porque en la empresa siempre he conseguido el trato y el ambiente de trabajo ideal: excelentes compañeros, respeto y valoración a mis recomendaciones y sugerencias. Ingresar en la empresa represento desde siempre un cambio positivo en mi vida”. Su lema es muy simple pero a la vez efectivo: “En todo lo que sabes hacer, hacerlo siempre lo mejor que puedas….”
Pero como no todo puede ser perfecto, Iver también tiene sus debilidades: es un Magallanero confeso, se define además como un entusiasta seguidor del béisbol aunque no practicante. “Debe ser porque durante mi adolescencia veía mucha pelota ´AA´ en las cercanías de mi casa en La Concordia, en el viejo Stadium Tachira. Siempre admiré a David Concepción pero fue una lástima que él no fuera Magallanero, porque si así hubiera sido, con toda seguridad habría sido exaltado al salón de la fama de Cooperstown…”.